Los aportes de la religión a una sociedad mejor

En Occidente la tendencia de las últimas décadas es hacia una marcada secularización. Esto ha resultado, entre otras cosas, en que se adelante la tesis del inminente fin de la religión. Esta idea, si buen puede corresponder a ciertos segmentos de Occidente, no refleja la realidad mundial, donde la religión sigue siendo un elemento social importantísimo. Y, a pesar de lo que puedan postular algunos, la religión siempre ha hecho y sigue haciendo significativos aportes al mejoramiento de la sociedad.

Históricamente, las personas de convicciones religiosas han ejercido su influencia para bien en sus entornos. Por ejemplo, en el Reino Unido, la lucha por la abolición de la esclavitud y en contra del tráfico transatlántico de esclavos fue guiada por cuáqueros y otros religiosos. En la Banda Oriental, las escuelas existían gracias a las órdenes religiosas, y fue en la instrucción de curas franciscanos que se formaron los valores de José Artigas. En Estados Unidos, la lucha por los derechos civiles de los afrodescendientes fue impulsada y dirigida por predicadores protestantes que hallaban inspiración en sus Escrituras. Que hubo quienes usaron la religión como pretexto para satisfacer sus presuntuosas ambiciones, los hubo, pero el balance general de la influencia de las personas religiosas favoreció el mejoramiento de la sociedad.

Cabe señalar que a ninguna de estas personas se las obligó a hacer nada. Actuaban de su propia y libre voluntad conforme a los dictados de su consciencia. Y ahí radica el genio de la religión como fuerza para bien: tiene la capacidad de inspirar a las personas a hacer lo correcto por convicción propia. Para contextualizar esta idea, vale considerar otra: el Estado carece de los medios para hacer cumplir todas las leyes. Hasta cierto punto, las leyes operan porque las personas de su propia y libre voluntad deciden obedecerlas. La creencia religiosa es, por tanto, un elemento importante en el cumplimiento de la ley. Por dar apenas un ejemplo: es por convicción propia que el ciudadano religioso decide no robar, no porque el Estado pueda obligarlo a ser honrado sino porque cree en la honradez.

Esta característica de la religión, su naturaleza como fuente de autocontrol e inspiración para impulsar a hacer el bien, sigue siendo un aporte importante a la sociedad. En un impresionante estudio de los académicos Robert Putnam y  David Campbell se señala que las personas religiosas donan más dinero a causas benéficas, dedican más tiempo a participar en voluntariados, participan más activamente en organizaciones cívicas, etcétera, que quienes no llevan vidas religiosas. Es que la vida religiosa ofrece cierta inspiración espiritual y establece unas comunidades sociales que aportan mucho más que un granito de arena. Y por ello es reconfortante saber que la religión sigue marcando el compás ético de muchísimas personas.

(Nota: Este texto se publicó originalmente
el 4 de octubre de 2016
en el Facebook de Interreligiosos SUD)
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