Mirta Vaz se preocupaba por su hijo viajero, y cuando no pudo más con la angustia armó las valijas. Él llevaba unos años probando suerte en las frías calles de un lugar en el extranjero, así que ella un martes por la mañana se subió a un avión que la depositó medio día después en el suelo de Nueva York. Allí la recibió su hijo, quien le tenía listo un rinconcito en su apartamentito de inmigrante. Al otro día, sin una palabra de inglés pero con mucho empeño, empezó a trabajar, y la visa de turista nunca más le sirvió para nada. Le habían conseguido trabajo limpiando en Connecticut las mansiones de unos ricachones que eran descendientes de los magnates que un siglo atrás habían forjado la pujanza industrial de aquel país. Lavaba los pisos, desinfectaba los inodoros, guardaba la vajilla, planchaba los calzoncillos y también cocinaba.

Una noche los dueños de casa recibieron a unos huéspedes sobresalientes llegados desde la capital, y para agasajarlos emplearon los servicios de Mirta y otras mujeres nacidas en la inmensidad del sur. Allí estaban, preparando los exquisitos platos en la enorme cocina mientras un perro blanco y bien alimentado holgazaneaba en unos almohadones cosidos a la medida. Los anfitriones paseaban a los invitados por los salones de la casa, haciendo alarde de la finura de cada detalle. Cuando llegaron a la cocina, una de las agasajadas vio al can allí tirado y quedó embobada. Anfitriones y huéspedes se dirigieron al fondo de la cocina y juguetearon con el animalito, rascándole el vientre y hablándole como se les habla a los bebés. Entre risas fraternales partieron de allí con destino a la mesa en el comedor principal, sin reparar ni por una milésima de segundo en las mujeres que compartían la cocina con la mascota de la casa. Aquella noche Mirta entendió que hay perros que valen más que la gente.

Un comentario en “El valor de los perros

  1. Una situación muy familiar, y pese a la familiaridad, no me esperaba el desenlace.
    Es desesperanzador pero literariamente es una excelente narración.
    Muchas gracias por compartir, querido amigo.

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